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22 de febrero 2017

El Floreamiento de los gigantes en San Pedro de Atacama

Más de cien pares de manos dieron vida a los cuatro gigantes que el sábado 18 de febrero convirtieron las calles de San Pedro de Atacama en un escenario de valoración y gratitud. El objetivo: hacer el primer Floreamiento con marionetas gigantes para fortalecer las tradiciones ancestrales del pueblo Atacameño.

Fueron 18 días de trabajo y más de 180 horas de diseño de los cuerpos, confección de vestimenta, cortes de telas, búsqueda de materiales reutilizables, modelado en arena, creación colectiva del cuento y montaje. ¿El resultado? Cuatro marionetas de cuatro metros y diez centímetros de altura y de 35 kg aproximadamente. Más de 100 voluntarios llegaron desde el 1 de febrero a colaborar. La mayoría en tránsito y de las más variadas nacionalidades. Viajeros que encontraron en San Pedro de Atacama la oportunidad de aprender más sobre una de sus tradiciones locales centenarias e intercambiar conocimientos con sus habitantes.

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El Pastor, el Yatiri, la Pastora y la Llama en la Plaza de San Pedro de Atacama

Todo comenzó con el Taller de Marionetas Gigantes organizado por Fundación Tata Mallku. El Pueblo de Artesanos de San Pedro de Atacama fue el lugar de operaciones. No sólo se compartió un espacio con los locatarios, sino que también ellos llenaron de sabiduría la misión que se ejecutaba. La actividad estuvo dirigida por los talleristas Eric Estrada y Ana María Nieto, que viajaron de Valparaíso y Arica respectivamente para brindar todo su conocimiento y décadas de experiencia a la causa.

 “El objetivo es tratar de rescatar materialidad para darle una nueva vida. Por ejemplo, las cabezas se construyen con botellas desechadas, sobre ellas se coloca plástico, y encima barro, que es de aquí mismo. Las manos son hechas con botellas de agua mineral y el cuerpo con ductos de electricidad y ventilación, junto con bolsas plásticas”, explica Eric Estrada.

En la Cosmovisión Andina todos los elementos de la naturaleza tienen vida y una de las actos más importantes es el agradecimiento. De ahí la idea de generar una experiencia que, más que simbólica, permitiera trasladar de forma inédita la tradición del Floreamiento a las calles de San Pedro de Atacama.

El Pastor, la Pastora, la Llama y el Yatiri terminaron siendo los personajes del cuento que encantó a grandes y chicos, niños y abuelos, turistas y residentes, hombres y mujeres. Cada uno representando distintas tradiciones de la cultura Likan Antai. Por ejemplo, el Yatiri: un hombre sabio que, con sus años de experiencia, tiene el conocimiento de todo y la capacidad de mediar en conflictos locales. Juan Ramírez es nieto de un Yatiri de la comunidad y también Cultor de Fundación Tata Mallku. Él reconoce que cada vez se le consulta menos a estos sabios y no por casualidad fue el encargado de llevar sobre sus hombros al personaje.

Adriana Puca también es una de las cultoras de Fundación Tata Mallku que se convirtió en marionetistas. Ella compartió sus conocimientos en tejido para confeccionar el vestuario y ornamentación de los personajes. Y al final del día también aprendió a llevar sobre sus hombros a una de las marionetas. “Este Floreamiento hace que la costumbre no se pierda, que renazca, mi familia todavía lo hace. Es algo que nos llena a nosotros”, destaca Adriana.

El relato del cuento que se montó en la Plaza de San Pedro de Atacama fue un trabajo colectivo que incluyó la colaboración de todas las generaciones presentes en el taller. Especial fue el aporte de los niños y niñas, quienes hicieron dibujos y crearon sus propias historias a partir de imaginar cuáles podrían ser las consecuencias de no agradecer a los animales por su alimentación y abrigo, en este caso, a la Llama.

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La productora Rocío Galdames con sus colaboradoras Fernanda Arredondo y Valentina Yucra

Finalmente dieron las 19:30 horas del sábado 18 de febrero. Casi no quedaba espacio disponible en la plaza de San Pedro de Atacama. Una pizarra anunciaba la presentación de las marionetas gigantes. La expectación de niños, niñas, jóvenes, adultos y ancianos se contagiaba. Desde lejos se las podía ver. Avanzaban a paso firme entre un grupo de ansiosos espectadores. Los celulares y las cámaras fotográficas registraban cada movimiento. No importaba que se acercara la noche, ellos por sí solos iluminaban su andar. Hasta que por fin llegaron al centro del pueblo. Dos pastores, la llama y el Yatiri.

Vestimentas hechas en tallas más que extra grandes, colores que inspiraban las tonalidades del desierto y movimientos ligeros en brazos y piernas gigantes llamaron la atención de todos los asistentes.

El Floreamiento es una costumbre muy valiosa que se celebra para agradecer a los animales por su carne, leche y lana. Un acto de gratitud a la tierra por alimentar al ganado ya que los animales a su vez alimentan a hombres y mujeres. La tradición dice que cuando los animales están pastando se les debe enganchar flores en sus orejas. De ahí caen gotitas de sangre: el pago de los animales a la tierra.

A partir de esta tradición, continuó la ceremonia en versión gigante. Los pastores no habían hecho el Floreamiento correspondiente y la llama escapó por el pueblo. No sólo los pastores salieron en su búsqueda por las calles Caracoles, Le Paige y Tocopilla, sino que también todo el público de la plaza.

La incesante búsqueda terminó con los pastores y el Yatiri de regreso en el centro del pueblo. El hombre más sabio les advertía que la única forma de traer a su llama de vuelta a los corrales sería realizando el Floreamiento.

De ahí en adelante comenzó una verdadera fiesta. Las flores, la música en vivo y los bailes de las marionetas con los asistentes anunciaban el fin de la presentación. Sin embargo, hubo un broche de oro: la magnífica actuación de Evangelista Soza, cultora de 76 años, guardiana de la identidad de Talabre Viejo y madre de Adriana Puca. Totalmente fuera de libreto, ella decidió tomar el micrófono y cantar el Llamacate antiguo –canción que ancestralmente acompaña el Floreamiento- deslumbrando a un San Pedro de Atacama que por algunas horas se reencontró con una de sus más íntimas tradiciones.

Revisa las imágenes de la jornada aquí.
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Evangelista Soza cantando el Llamacate antiguo en la Plaza de San Pedro de Atcama